17/6/09

Venir de la escuela a la tres de las tarde es algo feo, habiéndome levantado a las 6.30 peor.
Ya que me levanten de la siesta a las 5 menos cuarto es una patada en el estomago.
La idea del oculista no me gustaba. Tener que sentarme en esa maldita silla y mirar el tablero con las letras y no distinguirlas, se torna bastante molesto. Sin embargo, me obligaron (va, no tan así, pero si no iba me mataban). Fui y me dieron la noticia de que no iban mas lo anteojos, sino peor. Cosas de la vida.
Una balanza puede poner las cosas peor. Mamá, yo no entiendo porque te hago caso. Si te digo no, es no. Pero yo me subo a la balanza, me peso y la 'maldición de la balanza' se cumple. Nono, ¿esto es crisis?
Sin embargo, no terminan las cosas acá. Sino que empieza cuando me dicen 'el viernes hay prueba de matemática' y digo '¡NO!'. No puede ser, no hay materia que odie más. Me reuso a aprender matemática, a ir a las clases. Prefiero historia o inglés, lo que sea, pero matemática no.
Todavía me falta bañarme, terminar la máscara de teatro que seguro se esta prendiendo fuego sobre la estufa, copiar las hojas de la maldita materia y terminar de leer mi libro.
Sinceramente cambiar de rutina es muy molesto, seguir la misma rutina lo aborrezco más. No quiero nada, quiero sentarme en una hamaca de esas paraguayas y ver como pasa todo. Como para toda mi vida, sin mover un pelo.
Gracias, pero no creo que las cosas se me tornen demaciado fáciles.
Mañana será otro nuevo día, como dicen algunas personas que conozco.
Nadie se murió de hacer las cosas cuando debe, no creo que haya excepción.
Adiós;

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